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Pareja en Crisis

  • Foto del escritor: Dra Matilde García Gordón
    Dra Matilde García Gordón
  • 26 feb
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 1 mar

La crisis de pareja constituye un fenómeno relacional complejo que emerge cuando las estrategias habituales de regulación emocional, comunicación y negociación dejan de ser funcionales para sostener el vínculo. Desde una perspectiva psicológica, la crisis no se concibe como un evento aislado, sino como un proceso dinámico que refleja tensiones estructurales a analizar.


Las relaciones de pareja son sistemas abiertos, interdependientes y en constante transformación. En este marco, la crisis puede entenderse como un punto de inflexión en el que el equilibrio previo se ve alterado y la pareja debe reorganizar sus patrones de interacción para restablecer la homeostasis o, en su defecto, transitar hacia la disolución del vínculo. Las crisis no son anomalías, sino fenómenos normativos en el ciclo vital de las relaciones (Gottman, 2011; Johnson, 2019).


 Modelos Conceptuales

Desde un enfoque sistémico, la crisis se define como un desequilibrio relacional que emerge cuando las demandas internas o externas superan los recursos adaptativos del sistema. No se atribuye a un individuo, sino a la interacción entre ambos miembros.

La teoría del apego (Bowlby, 1988; Johnson, 2004) sostiene que las crisis suelen activar patrones de protesta, retirada o desregulación emocional asociados a modelos internos de relación. La amenaza al vínculo genera conductas defensivas que intensifican el conflicto.

El modelo cognitivo-conductual asocia la crisis a distorsiones cognitivas, déficits en habilidades comunicativas y patrones de refuerzo negativos que cronifican la insatisfacción (Baucom & Epstein, 1990).

La crisis también puede entenderse como una ruptura en la narrativa compartida. Cuando los significados que sostienen la relación dejan de ser coherentes, la pareja experimenta desorientación y pérdida de sentido.


Factores implicados

Aunque, con frecuencia, el origen de la problemática suele ser de carácter multicausal, se observa, en mayor o menor medida, la presencia de las siguientes variables:


Deterioro de la comunicación. Se identifican patrones de crítica, desprecio, actitud defensiva y retirada emocional como claros indicadores de conflicto relacional.

Rupturas de confianza. La infidelidad —sexual, emocional o financiera— constituye uno de los eventos más disruptivos, pues afecta directamente la seguridad del apego, así como a la percepción de integridad del vínculo.

Desajustes en expectativas y valores. La discrepancia entre expectativas explícitas e implícitas sobre convivencia, intimidad, economía o proyectos futuros puede generar tensiones persistentes.

Transiciones vitales. Eventos como la llegada de hijos, cambios laborales, mudanzas o enfermedades alteran la estructura del sistema y exigen una renegociación de roles.



Procesos psicológicos

A lo largo de la crisis se activan ciertos mecanismos, emocionales y cognitivos, que pueden intensificar el malestar:

Desregulación emocional: aumento de reactividad, impulsividad o evitación.

Sesgos cognitivos: generalizaciones, atribuciones hostiles, interpretaciones sesgadas.

Reactivación de heridas previas: experiencias infantiles o relaciones anteriores influyen en la evaluación del conflicto actual.

Polarización del sistema: la pareja deja de funcionar como unidad cooperativa y se organiza en torno a posiciones rígidas.


Intervención psicológica en crisis de pareja

Considerando siempre la configuración específica de cada pareja como base del abordaje terapéutico, podemos citar las siguientes líneas de intervención:

 Evaluación del patrón de interacción. Detección de esquemas de comunicación incompatibles con estrategias de afrontamiento orientadas a la resolución de conflictos.

Regulación emocional y comunicación. Adquisición, mediante entrenamiento, de  habilidades para controlar aquellas emociones que interfieren con una comunicación, basada en la expresión de pensamientos, sentimientos, deseos y opiniones, orientada a resolver la problemática percibida.

Reestructuración cognitiva. Identificación discusiva de creencias disfuncionales, atribuciones negativas y expectativas irreales.

Reparación de la confianza. Implementación de procesos de transparencia, validación emocional y establecimiento de límites en aquellas situaciones desencadenadas por una ruptura de la confianza.

Reconstrucción narrativa. Elaboración de narrativas acordes a la integración de la crisis como parte de su historia relacional, favoreciendo una adaptación activa.


 Consecuencias

Reorganización funcional: la pareja integra aprendizajes, fortalece su vínculo.

Estancamiento crónico: se mantiene la relación, pero con altos niveles de insatisfacción.

Disolución del vínculo: cuando la relación deja de ser un espacio de bienestar, la separación puede ser la opción más saludable.


En conclusión, la crisis de pareja es un fenómeno complejo que requiere una comprensión integradora de los procesos emocionales, cognitivos y relacionales implicados. Lejos de ser un indicador de fracaso, puede constituir una oportunidad para la transformación y el fortalecimiento del vínculo, siempre que exista disposición al diálogo, flexibilidad y responsabilidad compartida. En todo caso, la Terapia de Pareja proporciona las herramientas necesarias para un afrontamiento racional de la problemática exhibida , así como para una toma de decisiones basada en una comunicación de calidad.

 
 
 

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